viernes, 30 de agosto de 2013

Apagando fuegos

Os voy a contar una historia real por la que estamos pasando. Cierto día de mayo se puso en contacto con nosotros una persona que había recibido una denuncia del ayuntamiento por haber realizado obras en su vivienda sin proyecto ni licencia. La denuncia le instaba a entregar el consiguiente proyecto de legalización para tener en orden lo ejecutado...


Tras la llamada quedamos en hacerle una visita, tanto para ver el alcance de lo que sin licencia había ejecutado como para poder hablar con el técnico municipal y conocer los motivos de la denuncia y los antecedentes de la edificación.

La vivienda se encuentra en un terreno con un desnivel pronunciado, en el que se apoya en tres plantas distintas, accediendo por la superior (la zona vividera) y mediante una pequeña escalera se baja hacia la planta -1 (salón, cocina y aseo) y posteriormente a la -2 que es sólo una especie de patio. Al final del patio existe una valla de separación con la parcela del vecino.

Hasta aquí todo normal. El motivo de la denuncia era la construcción de una terraza en la planta -1 sobre el patio que he comentado. Además de que la hizo sin proyecto resulta que había sobrepasado los 3 metros mínimos de separación con la parcela del vecino (motivo por el cual se presentó la denuncia). El problema viene además porque no toda la terraza incumplía la ordenanza urbanística, al ser una parcela irregular, sólo una esquina pequeña sobrepasaba esos 3 metros mínimos.

Bueno, pues manos a la obra. Nuestro expediente tenía que componerse de dos bloques. Por una parte, legalizar mediante un proyecto de legalización lo que sí era legalizable y por otra parte hacer un proyecto de derribo para la esquina que no cumplía las exigencias del ayuntamiento una vez se diera la licencia de la parte legal de la obra. Así se lo comunicamos a uno de los dos técnicos municipales que tiene el pueblo. No hubo ningún problema, se nos comunicó que hiciéramos primero el de legalización y que luego entregáramos el de derribo para completar el expediente sancionador cuando recibiéramos la licencia anterior.

Estupendo, se lo comunicamos tal cual al cliente, que ya os avanzo que se llevó las manos a la cabeza por tener que tirar parte de lo construido. Nos dijo que ya hablaría el con el alcalde porque como eran amigos no tendría que que tirarlo seguro. Por otro lado nos dijo que no le cobráramos mucho por el proyecto, que estaba pobre (claro, sólo se había dejado unos 20.000 € en ampliar su casa, pero el proyecto gratis que para eso no tenía), le dejamos los honorarios finalmente en 1.350 €.

Pues nada, a redactar los dos proyectos. Comenzamos por el de legalización como se nos comunicó. Una vez redactado y entregado en el colegio de la comunidad autónoma respectiva (por el que nos cobraron el doble por visarlo que si hubiéramos sido de allí, 200 € concretamente, todo un impuesto revolucionario) se lo llevamos al ayuntamiento para adjuntar como parte del expediente.

Dos meses después (sólo) nos llega una carta reenviada desde el ayuntamiento por parte del cliente diciendo que no se podía dar licencia de obra a la ampliación de la vivienda por no haberse contemplado el respectivo proyecto de demolición. Evidentemente pensamos nosotros, el expediente está incompleto, falta por redactar el segundo bloque de la documentación como nos dijo el técnico con el que hablamos. Resultaba que el expediente lo había cogido el técnico con el que no habíamos hablado. Tras esto, le hicimos una visita para explicarle como estábamos resolviendo este problema. En tono bronco nos dijo que habíamos caído en una falta muy grave intentando engañar al ayuntamiento de algo que no era y encima encubriendo a nuestro cliente (¿¿¿???).

Por si fuera poco, el proyecto de legalización estaba defectuoso y nos reprochó que no le hubiéramos corregido aun los requeridos que nos había puesto para subsanar la documentación. He de deciros que nadie nos había mandado esos requeridos (ni ayuntamiento ni cliente) así que para nosotros era la primera noticia. Los requeridos en cuestión consistían en la falta del certificado final de obra visado por el aparejador y la firma del cliente en el proyecto.

Pues ahora tenemos que volver a redactar la documentación, incluyendo ambos proyectos en el mismo expediente porque para éste técnico es su manera de proceder. Por supuesto volviendo a pagar los respectivos visados por el que nos sacarán un ojo de la cara. ¿Y todo por qué? Porque los técnicos municipales no se hablan entre ellos, por las rencillas internas en los pueblos, por el caciquismo que aún existe en muchas zonas de España.

Y ya veremos si al final se tira o no se tira, si el cliente paga o no paga (que casi 4 meses después esto está por ver) y si le ponen multa o no.

Ya veremos. De momento, este proyecto nos ha costado ya 400 €, un montón de curro, un disgusto enorme y nada más. Así que sí, en España en verano, sólo se apagan fuegos.

Pablo.


3 comentarios:

  1. Lección número uno del trababajo con 'técnicos' de ayuntamientos: el 'técnico' con el que hablas la primera vez debe ser el 'técnico' que siga todo el expediente; no se lo enseñes a nadie más, no comentes nada, espera el tiempo que haga falta si está de vacaciones, si tienes que aguantar una mañana entera hasta que te atienda, la esperas.
    Un amigo mío decía: ¡Dios nos libre del poder de los mediocres!

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  2. Las legalizaciones. Fuente de problemas: suelen venir a raiz de denuncias por lo que el ambiente no es raro. El técnico es un impuesto revolucionario que le exige el ayuntamiento al cliente y encima siempre parecen caras. "Pero ¿Qué vas a trabajar? Si la obra ya está hecha..." "Son cuatro papeles..."

    Buen consejo lo de intentar que sea el mismo técnico el que te lo lleve todo. Nunca me ha pasado eso, pero está bien saberlo

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  3. Pues sí, buen consejo. No volveré a caer en el mismo error dos veces.

    Lo de los cuatro papeles también es muy español. Es una mezcla al 50% de falta de educación y saber proceder y un 50% de picaresca "made in spain", legado del regateo fenicio... que pena de país de verdad.

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