miércoles, 2 de octubre de 2013

Arquitectura sencilla. La Navaja de Ockham.

La Navaja de Ockham es un principio metodológico y filosófico, según el cual: 
      
"En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta".

Este principio es atribuido a un fraile franciscano inglés llamado Guillermo de Ockham a principios del siglo XIV. El fin del principio (menuda paradoja) es intentar discriminar cuál de entre dos o más teorías que explican un fenómeno (ya sea filosófico, teológico, matemático, económico...) es la correcta. Siendo ambos fines iguales y dando sendas teorías una explicación equivalente, la más sencilla es la escogida para dar explicación al fenómeno producido.

¿Se puede aplicar a la arquitectura? 



Es complicado, me surgen al mismo tiempo varias teorías para dar explicación a esto. Así que como algunas son más complejas y otras si embargo más sencillas, me aplicaré a mi mismo el principio de la Navaja de Ockham. La respuesta más sencilla es: depende de la misma arquitectura. Y me explico:

En realidad la pregunta sería más bien la siguiente: ¿Cuándo se puede aplicar a la arquitectura?. La arquitectura, tiene a partes iguales arte e ingeniería. Un edificio bello, como lo puede ser la Ópera de Sydney fue concebido en un principio como una idea. Y las ideas no tienen límite, el límite se lo ponemos cuando empezamos a dibujar.

La arquitectura como arte

En la concepción de las ideas no se puede aplicar la Navaja de Ockham, no son sencillas ni complicadas. Son creativas, originales, tradicionales, imaginativas, irrealizables, espectaculares... Sin embargo, llegado el momento de pasarlas al papel y pensando en términos de ingeniería, éstas deben de ser resueltas mediante las técnicas, códigos y métodos que disponemos. 

La arquitectura como ingeniería

Es en ese preciso instante donde sí se puede aplicar el principio. Imaginemos el caso de tener que resolver un enorme voladizo de 15 metros de forjado metálico. En la mente este voladizo era inmenso y sin limitaciones, fruto de la concepción de la idea. Pero al calcularlo, hacerle el predimensionado y dibujarlo nos encontramos el problema de su estabilidad. ¿Aumentamos el canto de las vigas metálicas para hacer que trabaje a flexión simple?, tendríamos que pedir unas vigas especiales de 15 metros de largo y al menos 1 metro de canto. ¿Colocamos unos tensores en su extremo y lo atamos al resto de la edificación?. Entonces no parecería que volase, perdería esa cualidad espectacular. ¿Pretensamos la estructura?, ¿Cambiamos el sistema estructural por una celosía ligera?.

Es en todas estas decisiones donde sí podemos aplicar el principio. Lo primero es eliminar las que son imposibles de ejecutar por eliminación. Tras esto discriminaremos la solución constructiva más sencilla de ejecutar, que cumpla con todas las exigencias para llevar a cabo la idea, sin mermar la esencia de la idea en sí.

Como véis, la respuesta sencilla era una respuesta compuesta. No es tan fácil de explicar desde el punto de vista de la arquitectura. Podéis opinar libremente.

Pablo.



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