jueves, 31 de octubre de 2013

Monumento en memoria de los judíos asesinados. Berlín.

Recientemente ha venido a mi memoria esta obra de Peter Eisenman, ya no por su valor artístico, que también, sino por la manera de enfocar lo que representa.

Resulta muy curioso que a la hora de afrontar uno de los hechos de la historia que más pueden avergonzar a un país entero, lejos de ocultarlo sean capaces de erigir un monumento en el centro de la ciudad donde se centralizó el poder de una de los episodios que cambiaron la historia y el devenir del mundo entero.

El monumento en sí es una trama de bloques de diferentes alturas que van de los pocos centímetros de altura hasta los 4 metros y pico. Esta diferencia de cotas, unida a la propia topografía de la parcela donde se ubica, crea una superficie encapsulada y comprimida por dos planos (terreno y cara superior de los bloques) no paralelos.


Planta del monumento.
Situado en una explanada entre la Puerta de Brandenburgo y los restos del antiguo Búnker de la Cancillería.












Imagen de los bloques de diferentes alturas.Se aprecia la trama de la cara superior de los bloques.










Debajo de la explanada existe un museo con imágenes, objetos que un día pertenecieron a las víctimas. Tal vez esta es la parte más morbosa, la que nos "meten" por los ojos y que desvirtúa lo que realmente se busca generar en el espectador, que es su propia reflexión una vez imbuido en la atmósfera del monumento.

En mi opinión la obra, como manifestación artística en sí, no trata de gustar o no gustar a quien la recorre, sino provocar reflexión y recogimiento. Te envuelve, te atrapa, te agobia, te comprime y descomprime...lo que es innegable es que no te deja indiferente.

Una vez te sumerges en la explanada de bloques es inevitable ser partícipe de la atmósfera sobrecogedora que te envuelve. Te conviertes en otra de las innumerables personas que aguardaban de pie en interminables filas, a que unos pocos decidieran su destino, y donde la única escapatoria que encuentra tu vista es mirar 
arriba, al cielo.


 





Quizá la manera de afrontar la vergüenza de un país no sea ocultándola, sino mostrando que se asume y sobre todo que se ha superado.


Ricky.























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