lunes, 14 de octubre de 2013

Paseando por Preciados

Que Madrid ya no es lo que fue hace tiempo no es ninguna novedad. Madrid crece sin rumbo, no hay un rigor urbanístico ni tiene carácter propio, carece de genius loci

Todo vale y nada se controla. Es triste pasear por el centro de la capital y no reconocer la ciudad que te vio crecer. 

Ni siquiera te sientes orgulloso de verla crecer contigo. 

Pocos aspectos se salvan, fruto de la crisis imagino, que aún conserven la esencia de antaño.

Salgo del metro en Callao y me dirijo hacia Sevilla pasando por Sol. Para ello tengo que bajar toda la calle Preciados, que inundada de gente me espera para atravesarla. En una calle normal de las mismas dimensiones no tardarías más de tres minutos en llegar a tu destino. Preciados es diferente. Probablemente te lleve entre 5 y 10 minutos, entre gente y paradas inesperadas.

Cuando comienzo mi camino dos franquicias conocidísimas encuadran la calle, no las hago ni caso, en mi mente son publicidad invisible. Por supuesto los edificios en los que están embebidas pasan desapercibidos para mí.

Continuo mi descenso y a pocos metros de entrar me aborda una chica muy amable que me pregunta si tengo un minuto. Ya se lo que me va a contar, pero como no tengo mucha prisa me paro a hablar con ella. Me cuenta una historia muy triste acerca de la falta de alimentos en cierto país y cómo la gente necesita dinero. Llevo algo suelto, relleno un papel y le doy los dos euros que llevaba que iban a ser para un café. La chica continúa diciendo que es mejor que me de de alta en sus suscripciones mensuales y que meta 15 o 20 "eurillos" todos los meses. Por supuesto que sería mejor, eso es lo que quieren los que te han contratado, pero no se donde va mi dinero y no lo veo oportuno.

Tras esto bajo cinco metros, sí, 5 metros he dicho, lo pongo en número para que nadie dude. Ahora me aborda un chico de unos 20 años contándome otra situación que viven unos niños en otro país, consecuencia de una guerra. Le digo que lo siento, que ya he hablado con su compañera. El la mira y me contesta: "no esa no es mi compañera, es la competencia" (???). Lamentándolo mucho le digo que no tengo más dinero.

Sigo bajando, las franquicias se agolpan en las fachadas, luchando unas contra otras por ser más vistas. Ninguna hace su efecto. Sigo bajando como caballo con anteojeras, sólo veo la masa de personas ruidosas que circulan en ambas direcciones. Ahora un chaval con rastas, un perro y una flauta me desea un buen día mientras toca y me dice que si puedo ayudarle con algo. Pues ya no tengo nada, lo siento de nuevo y me marcho.

Unos músicos me entretienen un rato a media calle, cantan algún tipo de música peruana muy armoniosa. Algunos de los asistentes están más atentos de los bolsos que de las bandurrias cusqueñas, visto lo cual sigo descendiendo, mano en el bolsillo para comprobar que mi vacía cartera sigue en su sitio.

Algo me sorprende, una persona flota, se eleva sin aparente apoyo. Una escultura humana que no había visto antes y que me inspira una idea para un proyecto. Entendido el sistema de apoyo continuo mi descenso. Otra chica de una tercera organización me para para contarme la tercera historia de la tarde, segunda negación con cara de malas pulgas por parte de la chica.

Como ya me empiezo a cabrear de tanta parada acelero mi paso. Para mi desesperación ahora me para un vendedor de los que llevan carteles para decirme que puedo comer todo lo que quiero por solo 11,95€. Me estoy empezando a calentar y además llevo tupper, paso de él como de la arquitectura de Preciados.

Ya llego a Sol. No me he fijado en la arquitectura desde que he salido del metro, es toda ella un cartel publicitario gigantesco. Si hay algo interesante está tapado, si hubo algo interesante las grandes marcas se han encargado de solaparlo.

Ya no tengo dinero, pero no hay problema, una vez en la Puerta del Sol puedes vender por un precio irrisorio cualquier cosa de oro que lleves encima. A ver....mmm... no, no llevo nada. Sigo camino.

Subo por Alcalá a un buen paso camino de la oficina. No tengo prisa, pero estar por el centro de Madrid me está empezando a desquiciar. Una manifestación baja hacia Sol en la dirección contraria, escoltada por la policía nacional. Toca esperarme en la puerta de Bankia a que pasen. A su vez, la puerta de Bankia también está siendo ocupada por gente pitando solicitando que les devuelvan el dinero que les pertenece. 

Comprendo que todos tienen su derecho y les apoyo pero hoy ya no puedo con más reivindicaciones. Me hago hueco como puedo y como legionario desfilando me pongo a 160 pasos por minuto, ya no aguanto, estoy deseando llegar.

A veinte metros de la oficina veo que otra chica pone cara de querer hablar conmigo, viendo lo que se avecina cambio de acera, saco el móvil y hago como que llamo, no quiero escuchar más solicitudes de contrato mensuales de "participaciones voluntarias".

Y digo triunfal: ¡Por fin en la oficina!, ¡Estoy deseando ponerme a trabajar! Como cualquier alemán querría escuchar de cualquier español.

Conclusión

No he visto Madrid. La ciudad está descontrolada. No se puede pasear. Madrid está sólo al alcance de las grandes franquicias o multinacionales. Y si te tiras a la calle, la gente hace lo que puede por sobrevivir. Unos por aumentar sus enormes beneficios, otros por poder llevarse a la boca algo de pan.

Madrid es un asco, no la reconozco y lo peor es que parece que nadie hace nada por solucionarlo.

Pablo.




1 comentario:

  1. Ja ja verdad como un templo. Es imposible pasear por madrid sin sentirse amenazado

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