miércoles, 4 de diciembre de 2013

Críticos de arquitectura, la ceguera selectiva.

Hay muchas maneras de ganarse la vida, algunas de ellas más agradecidas que otras. Incluso dentro de la misma profesión pueden darse muchas sub-profesiones que penden en mayor o menor medida de la original.

Sin duda una profesión con trayectoria en promocionar personajes relevantes en áreas muy diversas es la arquitectura. La arquitectura ha dado grandes políticos, pensadores, escritores, cineastas, diseñadores, empresarios, profesores... y críticos.

Dos de los peores profesores que tuve en su día en la carrera se ganan la vida hoy haciendo crítica de la arquitectura, lo que por otra parte no me parece mal. El problema surge cuando ninguno de los dos ha construido nada en su puñetera vida.

Sólo se aprende a escribir escribiendo y sólo se aprende a dibujar dibujando. Entonces, ¿Cómo se puede pregonar lo que está bien o mal si no se ha hecho nunca?. Es tan fácil criticar como ser español. O quizá resulte que sea al revés, que el ser español te de cierta superioridad y conocimientos suficientes como para poder criticar.

Entre las cualidades de uno de ellos, recuerdo amargamente como el esfuerzo dedicado a su asignatura era inversamente proporcional a la atención que le dedicaba a mis proyectos. Es más, por alguna razón que nunca llegué a comprender, nunca escuchó lo que tenía que decir. Si yo hablaba él salía de clase para ponerse a hablar con otro. Un día nos visitó un catedrático de otra clase y dijo que las cubiertas de mi proyecto eran espectaculares, que era un proyecto buenísimo.
Se tomó tan mal que alguien le dijera lo contrario de lo que pensaba que me suspendió, es decir una inevitable ceguera selectiva. A un crítico no se le puede llevar la contraria porque se haya en una posesión absoluta de la verdad. Tanto es así que los comentarios desfavorables expresados en su blog son eliminados, pues no está dispuesto a que le contradigan. Un crítico incriticable.

La crítica a los críticos

La verdad es que me da pena, pero no por ellos, si no por la profesión. Afortunadamente hoy estoy orgulloso de tener obra construida. Probablemente ahí radique el problema de su insensatez, no se han visto obligados a dirigir nunca una obra y encontrarse con los ineludibles problemas que surgen de ello (el presupuesto, el cliente, el ayuntamiento...). Esos problemas son los que alejan al proyecto del papel y terminan por definirlo en la realidad.

Supongo que desde su punto de vista teórico, la obra construida es una pura basura y que los proyectos eran lamentables, pues éste mensaje les dejo: 

"Anímense de verdad, que ser arquitecto es bastante complejo, propongan sus servicios, proyecten, dirijan y construyan. Veremos cómo se desenvuelven en el mundo real. Pero aténganse a las críticas que a buen seguro les lloverán, pues no están ustedes exentos de recibirlas."

Que fácil es decir lo mal que algo está desde el sillón de un despacho. 

En cualquier caso, y escrito con pluma que es lenguaje que utilizan, les deseo lo mejor.

Pablo.





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