miércoles, 18 de diciembre de 2013

El trabajador del siglo XXI. Se busca a un da Vinci.

Imagino que todos conoceréis este dibujo con anotaciones de Leonardo da Vinci, probablemente junto con la Gioconda sean las representaciones más famosas del genio italiano.

El Hombre de Vitrubio es un compendio de las perfectas proporciones físicas en el Renacimiento. Pero más allá de la representación gráfica o escultórica de lo que un hombre debía medir en el Renacimiento se encontraba lo que debía ser, saber o pensar.

El hombre del Renacimiento no sólo debía tener una morfología perfecta si no que además debía cultivar una serie de disciplinas que le harían sublime.

Tales disciplinas eran la filosofía, la pintura, la escultura, la pintura, la música, la ingeniería, la literatura, la arquitectura... y todas aquellas que de alguna manera inspiraran el alma, que le hicieran llegar al conocimiento a través del arte en cualquiera de sus manifestaciones.

Por supuesto fueron muy pocos los que consiguieron alcanzar ese ideal renacentista, una élite, un puñado de genios. Raphael, Da Vinci, Botticelli, Miguel Ángel, Bramante, quizá sean los más conocidos. Todos ellos reunían las capacidades necesarias para alcanzar el ideal renacentista a través de esas disciplinas. 

¿Quiere decir eso que no había más artistas?. Por supuesto que los había, algunos también han llegado a nosotros a través de la historia, otros han pasado al olvido por no haber tenido una obra tan extensa o tan representativa, pero no por ello eran incapaces de hacer su trabajo o realizar bellas obras de arte.

El Hombre de Vitrubio del siglo XXI

Como la historia es cíclica, pendular, polarizada y oscilante, nos hallamos ante situaciones que el mundo ya ha conocido antes. El problema de hoy no es que algunos pocos pretendan alcanzar un ideal de conocimiento ilimitado y a través de las artes. El verdadero problema es que hoy se exige ese conocimiento a través de las ofertas de trabajo. Lo que hace 5 siglos se buscaba y sólo unos pocos alcanzaban, es lo que se espera de todos para poder optar a un puesto normal.

Lo cierto es que ni se necesita un MBA para servir hamburguesas ni tres idiomas para hacer fotocopias. Se buscan futuros presidentes o consejeros delegados para desempeñar funciones irrelevantes, cuando ni todos pueden ni todos deben. 

No hay trabajo, eso es un hecho, ya lo he comentado en muchas ocasiones, buscar un trabajo es un trabajo en sí mismo, encontrar un trabajo hoy es prácticamente una quimera, y si no tienes un cuñado colocado menos aún. Consecuencia de ésto es la tendencia alcista de los requerimientos para optar a un puesto, aunque sea en prácticas.

Se espera de los aspirantes que tengan carrera(s), máster(s), idiomas, capacidades, aptitudes, experiencia... Me vais a permitir que llame a ésto la búsqueda del da Vinci del siglo XXI.

La verdad es que pienso que se pretende tener entretenida a la gente estudiando muchísimo para poder entrar en el mundo laboral, justificando a través de montañas de títulos sus conocimientos. Pero además resulta que los mismos que hacen esas exhaustivas búsquedas de genios, para ocupar puestos mediocres luego sean los que enarbolen la expresión de las "titulitis" de los aspirantes. No hay coherencia en sus manifestaciones.

Sinceramente pienso que los "Leonardos" nacen y no se hacen, por mucho que el mundo laboral lo exija.

¿Qué opináis vosotros?

Pablo.  




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