martes, 11 de marzo de 2014

La importancia de una buena ventilación, el dióxido de carbono.

Una vez discutía con un profesor de instalaciones acerca de las humedades en el interior de los edificios. Yo mantenía una postura que al final resultó equivocada, le dije que lo mejor para evitar una humedad era asestarle un buen chorro de aire caliente para que se evaporase lo antes posible.

Mientras decía estas palabras pensaba que seguro que me estaba equivocando, que quizá lo mejor era aire frío, porque si lo echaba caliente se evaporaría y luego se repartiría por toda la estancia.

Él me escuchó atentamente y me dijo que no podía estar más equivocado, sin duda lo mejor que podía hacer era ventilar. Lo que tenemos que hacer en este tipo de casos es conducir una buena cantidad de aire y trasladar toda esa humedad fuera del espacio afectado.


Un espacio cerrado necesita siempre estar ventilado, pero no sólo por cuestiones de humedades, hay que contar con un enemigo invisible que puede afectarnos en el día a día y que no aparece explícitamente en el Código Técnico, el CO2 .


El Dióxido de Carbono es un gas que exhalamos todos los seres vivos en un intercambio de gases para mantenernos vivos. Hacemos una transformación en los pulmones, asimilando el oxígeno y despidiendo el CO2 al ambiente. El problema viene cuando sobrepasamos el límite de partículas recomendado.

En condiciones normales al aire libre no hay ningún riesgo de acumulación natural del dióxido de carbono, sin embargo la cosa cambia cuando hablamos de espacios cerrados. Actualmente todas las edificaciones cuentan con sistemas de ventilación forzada o híbrida que facilitan las renovaciones del aire interior evitando así problemas de acumulación de nuestro enemigo invisible. 

Pero seguro que todos tenemos algún familiar o amigo que vive en una vivienda antigua y que tras estar algunas horas varias personas en la misma sala se han empezado a notar algunos síntomas de sobreexposición al CO2 . El ambiente se nota cargado, espeso, las conversaciones se hacen más largas, tediosas... y al final te empieza a doler la cabeza. Esos son los síntomas de una pequeña intoxicación por CO2.

La ventilación no es una cuestión menor a la hora de dimensionar un espacio. Bien lo saben los ingenieros navales, aeronáuticos, agrónomos o los químicos que se enfrentan con este problema en aviones, submarinos, centrales de transformación de residuos, invernaderos... aunque los edificios en los que trabajan cuentan con ventilación forzada por obligación de la normativa, también se enfrentan a emanaciones por la actividad que realizan derivadas de las transformaciones de sus productos, en estos casos especiales utilizan medidores de CO2 que son cruciales para una previa detección y control.

Así que ya sabéis, si os encontráis en un espacio cerrado y empezáis a notar síntomas de fatiga, cansancio, dolores de cabeza... puede que se esté debiendo a una mala ventilación, salir a la calle, abrir bien las ventanas y esperar a que todo el aire se haya renovado. Estoy seguro de que a todos nos ha pasado en algún lugar. Pues ahora tiene solución.

Espero que os haya sido de utilidad.


Pablo.

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