lunes, 30 de junio de 2014

El interés Colectivo

España es un gran lugar para vivir, probablemente uno de los mejores en todo el planeta. El clima, la gastronomía, los parajes y sus gentes. Sin embargo hay algo que deberíamos mejorar, algo que nos lastra desde hace siglos y que haría de nuestro país no uno de los mejores sino el mejor. Estoy hablando del interés individual.

Cada día lo veo a través de la convivencia, de las noticias, en el transporte y hasta en mi especialidad, la arquitectura. No creo que sea una pandemia exclusivamente española, probablemente lo sea de todo el mundo occidental, el egoísmo nos puede y el interés colectivo brilla por su ausencia.




En países como Japón el interés colectivo prima sobre el interés individual y siempre se anteponen las soluciones generalistas ante los problemas del individuo. Es decir, si para dar solución a un problema que aqueja a la mayoría se ha de molestar a una minoría se hace sin más contemplaciones y la gente lo entiende. Es exactamente la misma premisa que la de un capitán de barco, se busca siempre el mal menor. Así avanza una sociedad. En España sin embargo la cosa es bien distinta y se puede apreciar en las pequeñeces más cotidianas.

El interés individual en el transporte

Pongamos el transporte como ejemplo. El coche, ese objeto de deseo de la clase media, que la media de la población no tiene ni puta idea de manejar porque se pasa las normas para conducirlo por el mismísimo arco del triunfo. En una autovía de tres carriles el preferente es el del medio (porque en algún compendio de normativa lo debe poner), cambiarse de carril sin mirar ni poner el intermitente también es de uso común o ir por una carretera de montaña de un sólo carril a 10 Km/h montando un atasco de 50 coches y no apartarse también está a la orden del día. ¿Por qué? Porque lo primero soy yo y luego todos los demás

Por no mencionar los atascos, formados exclusivamente por la intervención de dos tipos de conductores: los atontados y los frenéticos. El primero va lento porque o no quiere o lo que es peor, no sabe, el segundo va tan rápido que los demás sólo pueden apartarse generando aún más problemas. Y lo mismo sucede en el transporte público, la gente no avanza en los autobuses para dejar pasar a los demás, o en el metro... Cuantas veces me habré apartado un poco para dejar pasar a alguien que quería avanzar y me ha quitado el sitio, dejándome como un contorsionista apoyado en un único pie y el brazo en alto. ¿Por qué? Porque lo primero soy yo y luego todos los demás. 

El mal ejemplo del que debería darlo bueno

El gran problema sin embargo viene de arriba, de las altas instancias de este país y del nefasto ejemplo que dan. ¿Cómo va el español medio a comportarse de manera adecuada para con sus congéneres viendo el dantesco espectáculo que nos dan políticos, banqueros, empresarios...o sindicalistas?. Si todos estos dieran ejemplo (como en Japón) ya se habrían hecho el Harakiri. Si al español medio sólo le llega la educación a través de la "tdt" mala educación podemos esperar... Y encima nos tragamos eslóganes como el de Hacienda: Lo que defraudas tú lo pagamos todos. Háganselo mirar por favor porque si seguimos así habría que introducir una casilla en la declaración de la renta que fuera "el programa por tontos" que actualmente parece estar siempre activada y no se puede quitar.

Pero sus enemigos políticos tampoco tienen desperdicio: Sin ir más lejos, la semana pasada una manifestación delante del Ministerio de Educación (una no, perdón: otra) comandada por UGT en la que se podía oír cómo el dinero que no se les daba iba a dejar sin educación a miles de alumnos que sólo podrían tenerla si se la podían sufragar en un colegio privado, así con dos cojones. Oigan ustedes, ¿no se han planteado que con el dinero de los cursos de formación que se quedaron para su uso y disfrute personal se podrían sufragar (por ejemplo) esos gastos?. Una vez más el interés del individuo sobre el colectivo. ¿Y todo esto por qué? Porque lo primero soy yo y luego todos los demás.

Lo mismo podría decir del partido que gobierna, o del anterior, o del anterior... o del de Cánovas o de Sagasta, y acabar por los habitantes de Atapuerca.

Siento que esta pequeña reflexión haya sonado un poco negativa pero quizá deberíamos replantearnos nuestras normas de convivencia para fijarnos un poco más en el prójimo y un poquito menos en nuestro ombligo, porque sin duda alguna mejor nos iría si jugáramos como un equipo y no como estrellitas de equipo de fútbol.

Pablo.




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